La novela de posguerra y el Modernismo literario
La novela desde la Guerra Civil hasta los años 50
La Guerra Civil y la posterior dictadura franquista influyeron de manera decisiva en la trayectoria de la narrativa española. Durante este periodo se produjo la pérdida de numerosos referentes literarios debido a diversas causas:
- La muerte: desaparición de figuras como Miguel de Unamuno y Ramón María del Valle-Inclán.
- El exilio: autores fundamentales como Ramón J. Sender y Francisco Ayala tuvieron que abandonar el país.
- La censura: impidió la difusión y lectura de autores simpatizantes con la República.
La novela en el exilio
En cuanto a los novelistas exiliados, destaca la gran variedad de estilos y temas tratados, aunque el recuerdo de la guerra permaneció siempre latente. Entre los autores más representativos figuran:
- Ramón J. Sender: autor prolífico de temática variada; entre sus obras destaca Réquiem por un campesino español, donde aborda la muerte de un campesino a causa de los odios desatados por la contienda civil.
- Max Aub: sobresale su ciclo narrativo El laberinto mágico (con títulos como Campo cerrado o Campo de sangre), donde relata acontecimientos acaecidos durante la guerra y su posterior reclusión en campos de concentración en el exilio.
- Rosa Chacel: su narrativa se caracteriza por su proximidad a la reflexión ensayística, destacando títulos como Memorias de Leticia Valle.
La novela dentro de España: oficial y no oficial
Dentro del territorio nacional se distinguen dos vertientes claramente diferenciadas:
- Literatura oficial: favorecida y promovida por el régimen dictatorial. Se caracterizó por el triunfalismo épico y la exaltación de los valores de la ideología dominante (religiosidad tradicional, honor patrio, familia tradicional). Uno de sus máximos exponentes fue Rafael García Serrano.
- Literatura no oficial: mostró durante los primeros años una acusada desorientación. En ella se distinguen dos caminos:
- Novela fantástica y humorística: buscaba esquivar una realidad desoladora mediante la evasión lúdica, como en El bosque animado de Wenceslao Fernández Flórez.
- Novela de corte realista: retomó los modelos decimonónicos de Benito Pérez Galdós o Pío Baroja.
La novela existencial y el tremendismo
El auténtico renacimiento del género novelístico de posguerra se produjo con la llegada de la novela existencial, reflejo del malestar, la angustia y la frustración individual derivados del contexto sociopolítico, pese a que no pudiera denunciarse explícitamente debido a la censura. Destacan dos obras capitales:
- La familia de Pascual Duarte (1942), de Camilo José Cela: obra fundacional del tremendismo, corriente caracterizada por la crudeza expresiva y la exposición de los aspectos más sórdidos, violentos y desagradables de la existencia humana a través de la vida trágica de su protagonista.
- Nada (1944), de Carmen Laforet: describe la Barcelona de posguerra inmersa en un ambiente miserable, sórdido, asfixiante e irrespirable a través de los ojos de la joven Andrea.
La novela social de los años 50
En la década de 1950 el régimen inició una tímida apertura internacional en busca del reconocimiento exterior, lo que propició una relativa relajación de los mecanismos de censura. Surgió así una literatura social de signo realista con voluntad testimonial, crítica y de denuncia social.
La obra precursora por excelencia fue La colmena (1951), de Camilo José Cela. Esta novela retrata el Madrid de los años 40, marcado por el hambre, las hondas desigualdades, la miseria moral, la insolidaridad y el miedo generalizado a manifestar libremente las ideas. Los personajes de este microcosmos aparecen condicionados primordialmente por dos impulsos vitales: el hambre y el sexo. Formalmente introdujo innovaciones decisivas: protagonismo colectivo, estructura caleidoscópica y disposición fragmentaria en secuencias temporales.
A partir de entonces se consolidó la corriente del realismo de los 50, influida tanto por los maestros del realismo español (Galdós, Baroja) como por modelos foráneos (John Dos Passos y los novelistas franceses). Sus rasgos distintivos fueron:
- Temática centrada en la pobreza, el éxodo rural del campo a la ciudad, la alienación del proletariado sin apenas ocio y la frivolidad insustancial de una burguesía acomodada y ociosa entregada a la fiesta y vacía de valores.
- Preferencia por el protagonista colectivo o representativo de un estamento social.
- Objetivismo testimonial, tendente a borrar la voz explícita del narrador.
- Concentración temporal en periodos muy breves.
- Claro predominio del diálogo frente a la descripción o la narración pura.
Dentro de esta corriente se deslindaron dos tendencias principales:
- Realismo social o crítico: en ocasiones desembocó en un esquema maniqueo que contraponía a obreros explotados pero nobles frente a burgueses egoístas y crueles.
- Neorrealismo: centrado en plasmar el mundo a través de la experiencia íntima del individuo, poniendo el foco en la soledad, el hastío, la decepción y el vacío vital, cuyo modelo canónico es El Jarama de Rafael Sánchez Ferlosio.
El Modernismo
A finales del siglo XIX sobrevino una profunda crisis espiritual e intelectual causada por el declive de la fe en el positivismo científico y en los valores de la sociedad burguesa, coyuntura que en España coincidió con la decadencia política del fin de siglo (el Desastre del 98). Dicho clima generó una actitud de inconformismo y rebeldía estética e ideológica: el Modernismo.
El movimiento se nutrió de dos corrientes de origen francés surgidas a mediados del siglo XIX:
- El Parnasianismo: preconizó «el arte por el arte», la búsqueda de la belleza inmarcesible, la perfección formal y el refinamiento aristocrático.
- El Simbolismo: influyó en la exploración de la sensualidad, la musicalidad y el empleo de un lenguaje basado en la sugerencia, la evocación y las correspondencias sensoriales.
Temas del Modernismo
El Modernismo supuso una auténtica revolución expresiva que inauguró la Edad de Plata de las letras hispánicas. Sus principales motivos temáticos fueron:
- Escapismo y evasión: ante una realidad prosaica y decepcionante, los autores buscaron refugio en universos suntuosos y exóticos: épocas remotas (la Edad Media legendaria, el mundo clásico grecolatino poblado de ninfas y dioses, el ambiente dieciochesco de marquesas y palacios) o espacios lejanos (Oriente milenario).
- Insatisfacción existencial: melancolía, tristeza y hastío que reflejaban el choque del creador con el entorno; el paisaje exterior operaba habitualmente como correlato anímico interior.
- Amor y erotismo: articulados desde dos vertientes, ora idealizada y platónica, ora carnal, sensorial y transgresora de las convenciones morales burguesas.
Renovación formal y lingüística
La estética modernista conllevó una profunda transformación estilística:
- Plano métrico: empleo de versos poco frecuentes o en desuso (alejandrinos de 14 sílabas, dodecasílabos de 12, eneasílabos de 9), experimentación rítmica, versolibrismo y poemas amétricos.
- Plano fónico: búsqueda permanente de la armonía y la musicalidad mediante recursos como la aliteración y la rima interna.
- Plano morfosintáctico: adjetivación sensorial abundante, cromática y de gran expresividad ornamental.
- Plano léxico-semántico: proliferación de sinestesias y léxico vinculado a las percepciones sensoriales de la vista y el oído.
Rubén Darío y la evolución modernista
El gran artífice y maestro del Modernismo fue el nicaragüense Rubén Darío, quien tras triunfar en Hispanoamérica se consagró definitivamente en España en su segundo viaje diplomático. En su trayectoria se distinguen tres hitos:
- Azul... (1888): miscelánea de cuentos y poemas donde cristaliza la asimilación del parnasianismo y el simbolismo.
- Prosas profanas y otros poemas (1896): punto culminante del virtuosismo métrico, el ritmo musical y el universo preciosista de cisnes y princesas, integrando reflexiones sobre el amor, la religión, la muerte y el arte.
- Cantos de vida y esperanza (1905): a partir de la crisis finisecular de 1898, Darío abandonó el mero esteticismo cosmopolita para ahondar en la inquietud existencial, la intimidad meditativa y la preocupación social y política por el destino histórico de España e Hispanoamérica.
Autores destacados en España
La vertiente puramente colorista y preciosista fue mitigándose a medida que los creadores peninsulares se volcaron en el análisis de la crisis del país, confluyendo con los postulados de la Generación del 98:
- Juan Ramón Jiménez: inició su producción lírica dentro de un Modernismo refinado y brillante (Elegías, Arias tristes), desembocando en obras culminantes como la prosa poética de Platero y yo antes de emprender el camino hacia la poesía pura.
- Antonio Machado: figura señera de la literatura española cuyo fallecimiento en el exilio francés lo transformó en símbolo nacional. Su poesía indaga en el paso inexorable del tiempo, el recuerdo, los sueños, el amor esquivo, Dios y la muerte. En su primera etapa (Soledades. Galerías. Otros poemas) empleó una simbología intimista (la tarde como muerte, el agua fluyente como vida, la fuente detenida); más tarde, en Campos de Castilla, evolucionó hacia la meditación austera sobre el paisaje castellano y el destino histórico de España.
- Manuel Machado: cultivó un Modernismo ágil y andaluz, patente desde su poemario inicial Alma, donde aunó el refinamiento estético con notas de humor, ironía y gracia popular.