El Príncipe de la Niebla: Novela de Misterio y Terror en la Costa
El Príncipe de la Niebla
La familia Carver debía mudarse a un pueblo cerca de la costa a causa de la guerra. Max se quedó atónito ante aquel cambio que se les acercaba: cambiar de colegio, de amigos y de la casa en la que habían vivido durante tantos años. Todo aquello se le hacía muy grande. Su padre, Maximilian Carver, era un buen relojero y, para su aniversario, le regaló un reloj que decía: La máquina del tiempo de Max. Max tenía dos hermanas: Alicia, de quince años, e Irina, de ocho años. Partirían en tren hacia su nueva casa. Max vio que el reloj del tren funcionaba al revés. Al llegar a su nueva casa, Maximilian Carver les explicó que los inquilinos anteriores, el Dr. Richard y su esposa Eva Gray, eran muy solitarios y no acostumbraban a tratar con la gente. Pero todo cambió cuando Eva Gray tuvo un hijo, Jacob. Desde entonces se integraron con todo el pueblo y todos los conocían. Sin embargo, la suerte les cambió por completo cuando Jacob, a los ocho años, murió ahogado y la familia volvió a ser infeliz.
Max soñó que una figura le susurraba cosas al oído. Después de despertarse, decidió ir al jardín de las estatuas, que desde que llegó había estado observando con intriga. Las figuras estaban dispuestas formando una estrella de seis puntas. Todas representaban a un personaje de circo. En el centro había un payaso que descansaba sobre una losa en la que se encontraba una estrella de seis puntas rodeada de un círculo. Max recordó haber visto aquella estrella en las lanzas de la puerta. Volvió a mirar al payaso, pero se dio cuenta de que se había movido: ahora su mano estaba abierta en señal de invitación. Max regresó corriendo a casa, invadido por el pánico.
Su padre había encontrado dos bicicletas y un proyector de cine con algunas películas, que iban a ver esa noche. Max salió a dar una vuelta en bicicleta y se encontró con un chico de unos quince años, Roland. Se hicieron amigos y él le enseñó el pueblo. Roland era una máquina con la bicicleta; a Max le costaba seguirle. Roland lo invitó a bucear juntos al día siguiente. Conocía un barco hundido, el Orpheus. Alicia también iría con ellos.
Aquella noche se proyectaron las películas. Max reconoció en una de ellas el jardín de las estatuas: eran las películas caseras de Jacob Fleischmann. Alicia le confesó a Max, con la condición de que le prometiera no contárselo a nadie, que había soñado antes con el payaso de la película. Roland y Alicia ya se conocían y, por lo visto, había cierta química entre ellos. Roland les explicó que él y su abuelo vivían en el faro que había construido este, aunque él pasaba la mayor parte del tiempo en la casa de la playa. Dentro de la cabaña de Roland había un montón de cachivaches procedentes del Orpheus. Roland era un excelente buceador. Se adentró con Max en el mar y Max distinguió, en el barco, la estrella de seis puntas rodeada de un círculo. Le contó a Roland todas las cosas paradójicas que le habían sucedido hasta entonces.
Roland les explicó a ambos que su abuelo le había hablado en otras ocasiones de aquella estrella. Su abuelo había sido el único superviviente del Orpheus. Todo empezó cuando el Dr. Caín embarcó en el Orpheus para transportarlo a él, a sus feriantes y al circo. El abuelo de Roland estaba allí de incógnito para impedir que el Dr. Caín partiera, ya que le debía dinero. Pero el Orpheus atravesó una tempestad que lo dejó a la deriva. Murieron todos menos el abuelo, que estaba escondido en un bote salvavidas. Los tres sabían que algo no cuadraba.
Mientras tanto, Irina estaba en su habitación cuando sintió que alguien más estaba allí. Se asustó, cayó por las escaleras y quedó en coma. Cuando Max y Alicia llegaron, vieron una ambulancia que venía a recogerla. Sus padres les explicaron lo sucedido y les dijeron que se quedarían unos días solos, ya que ellos permanecerían en el hospital.
Roland habló de sus amigos con su abuelo, quien les pidió que fueran a verle. El viejo farero les contó lo que había ocurrido: «Cuando era pequeño, los amigos de mi barrio hablaban de un tal Caín, también llamado el Príncipe de la Niebla, pues en sus apariciones siempre había niebla. Caín tenía la facultad de conceder cualquier deseo a cambio de un favor. Mi amigo le pidió que volvieran a admitir a su padre en el empleo, y así fue. Pero a cambio, él debía quemar un almacén donde se guardaba toda la comida del pueblo. No lo hizo. Un día de niebla apareció Caín y lo petrificó. Nunca le conté a nadie lo sucedido. Cuando fui más mayor volví a coincidir con Caín, que tenía una tienda en un circo. Yo, el Dr. Richard y Eva Gray éramos muy amigos, hasta que un día el Dr. Richard tuvo que recurrir a Caín. Él quería a Eva Gray, y yo también, así que pidió que Eva se enamorase de él a cambio de su primer hijo. Desde aquel momento, Eva y Richard se casaron, y yo me distancié de ellos. Estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario por Eva Gray, así que fui en busca de Caín. Por lo visto, embarcaría en el Orpheus para viajar con su circo ambulante a otra parte, y yo estaba en él. Pero un temporal enigmático arrastró el barco a la deriva, provocando una muerte segura para todos, ya que estaban escondidos bajo cajas por miedo a un control militar. No se encontró ningún cuerpo. Víctor Gray, el abuelo de Roland, construyó el faro porque sabía que aquel accidente no suponía la muerte segura de Caín, sino solo una pausa. Por eso recogí a Roland cuando sus padres fallecieron: yo cuidaría de él y él me haría compañía.»
Incluso después de oír esta explicación, seguían convencidos de que Víctor se había dejado algo. Irina seguía en coma, y los médicos aseguraban que se recuperaría en cuestión de días.
Aquella noche, Max volvió a mirar las películas caseras de Jacob. En una de ellas aparecía un reloj cuyas agujas se movían al revés. Max identificó su reloj, y una estatua lo sostenía en la mano. Cuando la película llegaba a su fin, Max vio cómo el payaso se movía, esbozaba una sonrisa malvada y sus pupilas se dilataban, delatando que no era una simple estatua.
Max se durmió y llegó tarde a la cita con Roland y Alicia. En su lugar, encontró una nota que decía que Alicia y Roland ya estaban en la playa. Cogió la bici y fue hasta allí, pero al ver que Roland y Alicia se estaban besando, se escondió entre los matorrales. No quiso intervenir, así que se dirigió al cementerio donde descansaba Jacob Fleischmann. Al mirar hacia arriba vio un ángel que, al poco tiempo, se convirtió en el payaso. Se asustó y huyó corriendo, pero olvidó su reloj y no quiso volver a por él. Se fue a ver al farero, pues había cosas que no cuadraban en su historia. Víctor lo echó y le dijo que se olvidara de todo y tirara las cintas.
Aquel día habían quedado con Roland, que había conseguido un bote pequeño que no les serviría de mucho. Hoy le tocaba bajar a Roland y Alicia. Hacía mala mar, pero no renunciaron a buscar objetos. Roland vio que una figura extraña los seguía y empezó a nadar lo más rápido que podía. De repente, aquella figura comenzó a subir hacia la superficie. Roland cogió a Alicia e intentó subirla al bote; Max también la ayudó. Alicia ya estaba a salvo en el bote. Faltaba Roland. Max y Alicia intentaron subirlo, pero pesaba demasiado. La sombra empezó a tirar de él. Por mucha fuerza que hicieran, no consiguieron que aquella criatura lo soltara. Lo arrastró al fondo del mar. Max bajó a buscarlo. Aquella criatura era una especie de fuerza hecha de agua. Finalmente, soltó a Roland. Max, con las fuerzas que le quedaban, subió a Roland a la superficie.
Se fueron a dormir a la cabaña de Roland. Max despertó y regresó a su casa para ver de nuevo las películas de Jacob Fleischmann. Se dio cuenta de que el hombre que filmaba era Roland. Víctor apareció en su puerta preguntando por Roland. Max no estaba dispuesto a decirle nada si Víctor no le explicaba toda la verdad. Al final resultó que Roland era Jacob y que aquel cambio de nombre se debía a que el Dr. Richard se lo había entregado a Víctor para que lo protegiera.
El jardín de las estatuas apareció un día como por arte de magia. ¡Roland estaba en peligro! Max corrió a por él. Caín tenía retenida a Alicia con el propósito de que Roland fuera a salvarla. Roland hizo un trato con Caín: este le diría dónde se encontraba ella. Roland fue a buscarla, pero Caín lo tenía todo muy planeado. A Roland apenas le quedaba aire y se le cayó una columna sobre la pierna, lo que le impidió subir a la superficie. Alicia recuperó la conciencia y subió sola, sin Roland.
Víctor cogió el tren y se marchó. Ahora era Max quien tenía que cuidar del viejo faro.