Arte Islámico: Historia, Arquitectura y Decoración

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Contexto histórico

En el siglo VII surgió en el oeste de Arabia una nueva civilización basada en la religión de Mahoma, el Islam (palabra que significa «sumisión» a Dios). La nueva religión monoteísta se inspiró en el judaísmo y el cristianismo: el arcángel Gabriel es quien comunica los principios de esta nueva religión a Mahoma, quien comienza a predicarla en Arabia. Después de su muerte, sus discípulos redactaron por escrito sus enseñanzas, creando el libro sagrado del Corán.

Mahoma era originario de La Meca, ciudad de la que huyó hacia Medina (la hégira) y a la que volvió para reconquistarla. La Meca es la ciudad santa a la que los creyentes deben peregrinar al menos una vez en la vida. Mahoma había unificado Arabia y, a su muerte, sus seguidores iniciaron una rápida expansión impulsada por la idea de Guerra Santa y por los intereses económicos de los pueblos nómadas y comerciantes.

La conquista islámica fue rápida (siglos VII-VIII) debido a la debilidad de los imperios persa y bizantino, y dio lugar a la formación de un gran imperio que abarcaba la Península Ibérica, el norte de África y Oriente Medio hasta la India. En su época de apogeo (siglos VIII, IX y X) superaba en extensión al Imperio romano.

La rapidez de las conquistas (en 632 muere Mahoma y en 711 ya han llegado a España), la tolerancia inicial hacia otras costumbres y creencias, y la falta de una tradición artística propia explican la capacidad de asimilación del mundo musulmán. Así, el sincretismo es uno de los aspectos fundamentales de la cultura y el arte musulmanes: recoge las tradiciones de culturas superiores, como la persa o la bizantina, y las adapta a las nuevas necesidades del Islam.

A partir de esta capacidad de asimilación, el Islam supo crear formas propias que definen un estilo artístico fácil de identificar, a pesar de la diversidad de épocas y escuelas. La unidad del arte islámico se explica por tres factores: el clima cálido y seco predominante en todas las zonas de dominio musulmán, la religión islámica y la lengua árabe.

El arte islámico está al servicio de las necesidades religiosas (mezquitas) y cortesanas (palacios o fortalezas). Sus obras más representativas se realizaron en la Edad Media, durante los califatos omeya y abasí, cuando esta civilización era la más floreciente al controlar las principales rutas del comercio mundial. Posteriormente se desarrollaron otras importantes escuelas, como la del Imperio otomano durante el siglo XVI o la del Imperio mongol en el siglo XVII.

Arquitectura

  • Los edificios son de escasa altura.
  • Son de volúmenes cúbicos y geométricos, en los que sobresalen las cúpulas.
  • Los materiales son variados, pero generalmente pobres, ya que prefieren construir deprisa —por su tradición nómada— sin importar su duración, de acuerdo con la idea de mutabilidad.
  • Los elementos sustentantes son el muro, los pilares y las columnas. Predominan las columnas, que suelen ser esbeltas, con fuste delgado debido al poco peso de la cubierta, y con capiteles diversos.
  • Utilizan todo tipo de arcos. En Al Andalus prefieren el arco de herradura.
  • Las cubiertas son ligeras, frecuentemente adinteladas y de madera. Las bóvedas y cúpulas son variadas: de cañón, de arista, caladas de gran fantasía y de mocárabes.
  • La cúpula se emplea mucho ya que, como en otras religiones, tiene un sentido divino: representa la bóveda celeste y corona el lugar o lugares más importantes del edificio.
  • La importancia de la decoración define al arte islámico. El interior del edificio se decora totalmente por voluntad estética (horror vacui), por la necesidad de cubrir los materiales pobres y la estructura del edificio, y por el deseo de crear un espacio cambiante.
  • Elementos constructivos con fines decorativos, como los arcos entrecruzados, los arcos de mocárabes o las bóvedas gallonadas.
  • Motivos ornamentales en sentido estricto. Hay tres tipos: epigrafía, lacería con motivos geométricos y ataurique.
  • Elementos de la naturaleza: la luz, los patios con jardines y el agua forman parte esencial de los edificios islámicos, contribuyendo a generar la sensación de tranquilidad y de espacio cambiante que busca este arte.

A diferencia del interior, el exterior de los edificios es de gran sencillez, excepto en las portadas principales y en el revestimiento de las cúpulas.

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